CIUTADILLA Y LLEIDA, GETSEMANÍ Y CALVARIO DE LOS QUINCE
JÓVENES MÁRTIRES
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Nombre propio |
Apellido 1º |
Apellido 2º |
|---|---|---|
| ONÉSIMO | AGORRETA | ZABALETA |
| AMAT | AMALRICH | RASCLOSA |
| XAVIER | AMARGANT | BOADA |
| PERE | CABALL | JUNCÀ |
| JOSEP | CASADEMONT | VILA |
| TEÓFILO | CASAJÚS | ALDUÁN |
| ANTONI | CERDÀ | CANTAVELLA |
| AMADEU | COSTA | PRAT |
| JOSÉ | ELCANO | LIBERAL |
| LLUÍS | HORTÓS | TURA |
| MANUEL | JOVÉ | BONET |
| SENÉN | LÓPEZ | COTS |
| MIGUEL | OSCOZ | ARTETA |
| LLUÍS | PLANA | RABUGENT |
| VICENTE | VÁZQUEZ | SANTOS |
QUINCE JÓVENES MÁRTIRES
Galeria Martirial Claretiana Boletín de la Vicepostulación - 1998 - Número 37 __________________________
Persecución Religiosa en Cervera
El día 21 de julio de 1936 la muy numerosa Comunidad Claretiana de Cervera
recibió por teléfono de parte del alcalde de la ciudad la orden de desalojar
inmediatamente el edificio de la ex-Universidad en el plazo de una hora. La
Comunidad salió por la puerta de la huerta, y se dispersó en diversos grupos: 21
se quedaron en Cervera - parte en el Hospital, parte en familias conocidas-, y
los restantes (15 Padres, 44 Estudiantes, 25 Hermanos y 38 Postulantes),
ocuparon los asientos de varios autobuses que esperaban en la calle preparados
por el mismo ayuntamiento de la ciudad. Aquellos coches atravesaron la ciudad
camino de Sant Ramón y llegaron hasta Torá, con intención de dirigirse hasta
Solsona. Pero el régimen revolucionario de Solsona lo impidió. Por eso los
autobuses volvieron desde Torá hasta Sanr Ramón. Era ya de noche cuando los
Claretianos de los autobuses se hospedaron en el convento de los Mercedarios de
Sant Ramón. Allí pasaron la noche y al día siguiente varios jóvenes renovaron
sus votos religiosos, y algunos hicieron la profesión perpetua. El día 23 por la
mañana se dispersaron nuevamente. Los Postulantes en familias del pueblo. Los
Estudiantes y algunos Hermanos camino de Mas Claret con los PP. Agustí y Calvo,
y los demás, todos mayores, según su criterio. Mas Claret es una finca
claretiana a 7 km. de Cervera.
Llegados al Mas Claret se proyectaron nuevas salidas. Un grupo lo formaban el P.
Manuel Jové (40 años) y los siguientes jóvenes estudiantes profesos Onésimo
Agorreta (20), Amadeu Amalrich (24), Xavier Amargant (19), Pere Caball (19),
Josep Casademont (21), Teófilo Casajús (21), Antoni Cerdà (20), Amadeu Costa
(20), José Elcano (22), Lluís Hortós (19), Senén López (21), Miguel Oscoz (24),
Lluís Plana (22), y Vicente Vázquez (20). La expedición salió del Mas Claret el
día 24 al comenzar la tarde. Se dirigía a Vallbona de les Monges, pueblo natal
del P. Jové. La despedida fue tierna y significativa; un abrazo y una frase:
«Hasta el cielo!» Al atardecer llegaron a Montornés. Fueron bien recibidos por
los vecinos y atendidos en el mismo café del pueblo. Acogidos después de dos en
dos por diversas familias, pudieron cenar y descansar. En una casa dejaron una
fotografía colectiva con una crucecita identificando a los dos huéspedes.
«Guardadla bien. Pronto seremos mártires». El día 25 a primera hora salieron de
Montornés. Un joven les acompañó hasta las afueras del pueblo para indicarles el
camino. Pronto pasaron por el municipio de Guimerà. Se acercaron a dos payeses
que trillaban en la era y les pidieron agua para beber. Se la ofrecieron
amablemente y les orientaron en la ruta a seguir. Continuaron andando con
visible aceleración y ya cerca del santuario de la Bovera, situado en los
límites de Guimerà y de Ciutadilla, tomaron la precaución de ir de dos en dos y
separados a distancias de diez minutos. No les valió. Fueron descubiertos por
vigilantes de Ciutadilla. Estos salieron a su encuentro y después de coger la
última pareja, la condujeron al pueblo entre fusiles, y ordenaron por teléfono
al comité de Sant Martí de Maldà que saliera al paso de las binas restantes. Los
encontraron descansando a la sombra de un roble, a tres kilómetros de Rocafort.
Eran sólo doce estudiantes, porque el P. Jové se les había adelantado hasta
Rocafort para planificar, con un amigo suyo, llamado Ignacio, el hospedaje de
todo el grupo. Ignacio fue al Presidente del Comité local para agenciar los
Pases necesarios. Y fue en aquellos instantes cuando llegaron a Rocafort los del
Comité de Ciutadilla y de Sant Martí, en busca del P. Jové. El buen amigo
Ignacio, ya de vuelta a su casa, intentó convencer al P. Jové, para que se
escapara por la puerta trasera. Fue inútil.
El P. Jové quiso compartir inmediatamente la suerte de sus estudiantes encomendados. Estos, al verlo entrar en el primer piso del local social de Ciutadilla, donde habían sido encarcelados, le agradecieron cordialmente su heroica lealtad. El P. Jové fue para ellos padre, hermano, ejemplo, consuelo y sacerdote.
Después de una tarde relativamente tranquila, intentan
desansar aprovechando algunas sábanas y colchones, dejados por la buena gente
del pueblo. Pero llega la media noche y se presentan dos coches del comité de
Lleida. Comienza un registro furibundo. Les encuentran rosarios, cilicios y
crucifijos. Al P. Jové le arrancan el crucifijo que lleva en el pecho y se lo
tiran al suelo para que lo pisotee. «Antes morir!», exclama el P. Jové. Y con
brutalidad extrema intentan hacérselo tragar de un puñetazo. En la refriega
resulta dolorosamente dañado el rostro del P. Jové, que saca sangre por la boca.
En el trascurso de aquellas cuatro horas el P.Jové es objeto de nuevos malos
tratos. Le desabrochan la ropa, le hacen bajar los pantalones, y van a mutilarlo
en las partes genitales cuando uno del pueblo se opone, y les hace desistir de
la mutilación, pero sin poder evitar que hagan un nuevo corte al P. Jové, con
renovado y abundante derramamiento de sangre que le mancha la ropa interior. Los
catorce jóvenes son también objeto de diversión. A unos intentan hacerle tragar
el rosario que llevan, a otros les pegan entre burlas y blasfemias. Vocerío,
golpes, bofetadas, apaleamiento es lo que oyen horrorizados los vecinos del
pueblo. En uno de estos terribles golpes la víctima sale despedida contra el
cristal de la ventana con tal fuerza que el cristal salta añicos. Al dolor
físico se suma el sufrimiento moral: Abren el maletín del P. Jové y sacan un
preservativo que los milicianos mismos habían metido en él un rato antes. Y para
más pena de los jóvenes misioneros, los milicianos cogen del bolsillo del joven
Lluís Plana la fotografia que lleva consigo de su hermana María, religiosa
Verduna, Superiora en el Colegio vecino de Verdú, y la presentan como su
querida. Y así con los recuerdos de familia de otros jóvenes misioneros. Estos
intentan explicar la verdad de su inocencia. Pero es tan honda la herida de su
alma y tan dura la situación, que optan por callar y rompen en un sollozo
profundo y conmovedor. Verdadera noche de Viernes Santo en la que se hace
presente la Pasión del Señor: flagelación, fuertes bofetadas, y copiosa sangre,
tanta que horrorizó a las mujeres que luego tuvieron que lavar las sábanas.
Suenan las ocho de la mañana y es la hora de continuar hasta el calvario. Un camión cubierto con una lona espera en la calle a los 15 futuros mártires. Atadados por los codos de dos en dos, salen de la sala, y a empujones son echados escalera abajo entre burlas y carcajadas. Ellos perdonan. ¡Es su Hora! Los curiosos comentan el horror de aquellas bocas descuartizadas. Los mártires son arrastrados hasta el camión; se sientan en cuclillas formando dos hileras a lo largo del vehículo y ahora un miliciano, sin desatarles los brazos, les va atando también e igualmente de dos en dos las piernas. Su Gólgota será el cementerio de Lleida. El camión comienza a andar. Se para dos horas en Verdú. El sol de julio atraviesa el toldo de lona. Y los mártires se asfixian. No se quejan. Sólo piden agua para beber. Es el eco de la quinta Palabra de Jesús en el Calvario: «Tengo sed!». El centinela de torno desata uno de los quinze que pasa a cada uno el anchuroso botijo típico de Verdú. Beben y siguen callados. Silencio misterioso y oración profunda, afirman los vecinos de Verdú ante aquel espectáculo estremecedor. Pasadas dos horas, el camión arranca otra vez; y en Tárrega se surte de gasolina. Cementerio de Lleida Cuando llega al puente de Lleida los encargados del control lo desvían directamente al cementerio. Al llegar a su puerta, es ya un verdadero gentío el que le está esperando agresiva. Pero se produce un silencio impresionante cuando los jóvenes mártires comienzan a bajar del camión. Desatados solamente de los pies, pasan silenciosos y serenos entre aquellas miradas hostiles.
dicen serenos y tranquilos. Los pistoleros los llaman de cuatro en cuatro, los ponen en línea y les vuelven a preguntar a cada uno:
- «También tú quieres morir por Dios?
responden todos. Gritan «¡Viva Cristo Rey!». Y caen, víctimas gloriosas, bajo las balas de unos 40 pistoleros.
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Vicepostulación Claretiana C/ Àngel Guimerà, 11 08650 Sallent (El Bages) Barcelona